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Reportatge

Crònica del viatge a Soria

La Julia García Barrero, professora de castellà del centre, explica amb una passió inspiradora el viatge que han fet els alumnes de 2n batxillerat per terres de Soria

13/01/2026 - Julia García Barrero, professora de llengua i literatura castellana del Lluís Domènech i Montaner

Mi corazón está donde ha nacido, no a la vida, al amor, cerca del Duero...
Cada uno de nosotros tiene sus poetas preferidos, aquellos con los que crea un vínculo especial desde que los lee por primera vez, los que te llegan al alma y te la llenan.  A mí eso me ocurrió, y me ocurre, con Antonio Machado.  Quién me iba a decir a mí que, muchos años más tarde,  tendría el honor y el placer de acompañar a otros para que vivieran esta experiencia.


Mi relación con las tierras sorianas y con la huella que el poeta dejó en ellas comenzó hace más de quince años, cuando obtuve la plaza de lengua y literatura en el Institut Lluís Domènech i Montaner.  Entonces heredé un viaje a Soria que organiza, desde hace más de veinticinco años, el departamento de castellano para el alumnado que cursa 2º de bachillerato.  Perseguimos que estudien, pero de otra manera.  Nos proponemos realizar una ruta literaria, artística e histórica, para visitar puntos de interés cultural y regalar a estos adolescentes  la oportunidad de vivir en 1ª persona la cercanía de algunas obras y autores ligados al patrimonio de Soria.  Es todo un reto, lograr seducirlos para que se alejen del mundanal ruido y se empapen de la esencia de esta comarca.


Nuestro viaje se lleva a cabo en autocar, medio un tanto en desuso para los tiempos que corren, pero ideal para mentalizarnos de que empieza un recorrido hacia la introspección.   Van pasando las horas y somos testigos del cambio paulatino de paisaje.  Dejamos atrás nuestro Mediterráneo y nos dirigimos a la España interior, el escenario ideal para recibir los regalos que siempre nos llevamos de Soria.


Nuestra aventura tiene parada en Medinaceli, donde, después de divisar desde el arco romano el asombroso valle del Arbujuelo, nos refugiamos en el Palacio Ducal para hablar del Cid.  Y allí, entre explicaciones que colocan a Rodrigo entre el héroe y el mercenario, aplaudimos la literaturización del personaje, convertido así en modelo de caballero castellano.


Soria también nos brinda la oportunidad de conocer la conexión de Bécquer con la provincia.  Sentados junto a su estatua y junto al gato, cerca del maravilloso convento de San Juan de Duero, hablamos de la búsqueda romántica de la perfección amorosa, que nunca se encuentra, y de las estremecedoras leyendas inspiradas aquí.  Revivimos con la lectura a templarios y nobles castellanos mientras miramos el inmortalizado Monte de las Ánimas, donde a lo mejor el espíritu de Beatriz aún se retuerce por Alonso.
También dedicamos  atención a Gerardo Diego, que tan rápido se integró en las costumbres sorianas.  Nuestros alumnos interpretan algunas melodías en el mítico Steinway & Sons que también tocó el autor. Siempre nos reciben bien en el Casino.


Pero es evidente que el plato fuerte del viaje es Machado, don Antonio.  Rehacemos fragmentos de su estancia en Soria, nos ponemos en su piel para imaginarnos cómo vivió esos años que lo marcaron para siempre.  Nos imaginamos lo desubicado que debió de estar cuando llegó para ocupar su plaza de profesor de francés, cómo debía de echar de menos el ruido, el asfalto, las luces de ese Madrid que abandonaba.  Vemos, como a menudo él hacía, los álamos dorados, entre San Polo y San Saturio.  Callejeamos por la ciudad y situamos la pensión, la iglesia en la que aquel día se casaron.  Desde el Mirón, mientras nos deleita allá abajo el Duero, nos acongoja pensar cómo Machado confiaba en la curación, que no llegó.  Soñamos después que Leonor nos coge la mano por la blanca vereda y subimos tristes, como entonces lo haría el amigo Palacio, al Espino.  Nos apretamos en el aula del Maestro y revivimos sus clases.  Ascendemos entre risas y quejas a la Laguna Negra, asombrados aún por la macabra historia de los Alvargonzález, que él inventó.  Y en cada parada, leemos.  Sus versos nos acompañan durante todo el camino.  Somos caminantes en su honor.


Nos convertimos en Machado por un día.  Es el vehículo para animarlos a la reflexión, a que no confundan nunca las voces con los ecos, a que sean voz, como él lo fue. 


Lo que empezó siendo un recorrido literario se ha transformado en un viaje holístico en el que cada uno de nosotros aporta lo que sabe.  Así hablamos de poemas, de monumentos, de glaciares, de aves, de flores … Y cada vez somos más ricos. 


Los sorianos siempre nos reciben con los brazos abiertos, ayudan a que nuestro viaje sea inolvidable.  


En Valdegeña, de la mano de Ricardo Hernández, hermano de Avelino, conocemos no solo al autor de Mientras cenan con nosotros los amigos, novela que se ha convertido en perenne en nuestro instituto, sino que tenemos la suerte de conocer la España vacía de la mano de un hombre que adora su tierra. 


Y César Sanz, siempre dispuesto a colaborar para que el recuerdo que nos quede de nuestra visita sea imborrable.  Es la imagen del soriano universal que lleva el amor a Soria allí donde llega.  A nosotros nos lo ha transmitido, con la palabra y con la imagen, con esas deliciosas fotografías, estallidos de color,  que retratan los entresijos de una tierra bellísima.  La de Machado, la suya, la nuestra ya un poco. 


Pocas personas hay en Canet que no hayan oído hablar de Soria.  Muchas han tenido la suerte de vivirla en un viaje que les ha permitido conocer esa tierra, su gente y a ellos mismos.  Sin ruido, sin luces, sin asfalto, quedamos nosotros. Qué regalo. Un viaje al interior, literal y metafóricamente.

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Nos convertimos en Machado por un día.  Es el vehículo para animarlos a la reflexión, a que no confundan nunca las voces con los ecos, a que sean voz, como él lo fue. 

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